18. En manos peores
Pov Edana
Mis párpados pesaban al abrirse, sintiendo el cuerpo dormido para moverlo, como si hubiese estado allí por horas.
Había despertado en una habitación oscura, con el olor a humedad, madera vieja y encierro.
Moví la cabeza lo mejor que podía para observar el resto, intentando ubicar en dónde estaba, pero todo lo que veía y escuchaba era nada.
Trataba de llegar a Solana; la sentía muy lejos, demasiado débil para alcanzarla.
No sabía lo que nos habían inyectado; solo recuerdo el dolor