Me mantuve en calma a pesar de que por dentro era un manojo de nervios. Respiré cuando desvió la mirada hacia otro lado para contemplar a todas las personas de alrededor.
—Señor Kim. —El anciano le estrecha la mano—. Espero que este evento sea de su agrado.
—Es muy interesante —dijo dedicándome una rápida mirada.
—Le presento al señor William Kanne y a su esposa Camille Kanne. —El anciano hizo un gesto con la mano, señalándonos.
—«No me gusta como suena el título de señora Kanne en ti.»