CAPÍTULO 6: CAUTELA
Evadne
Mis ganas de gritarle que soy yo, que soy la Luna que perdió hace veinticinco años, raspan mi garganta, quemándome por dentro, torturándome. Tenerlo tan cerca y no poder decírselo me está matando.
Ahora que estoy a su lado, me embriago de su aroma tan familiar. No puedo dejar de mirarlo. Casi no ha cambiado nada, pero sí hay algo diferente en él: su mirada.
Ya no parece el mismo hombre feliz y romántico de antes, ahora veo melancolía en sus ojos, una tristeza acumulad