Evadne
Mi corazón se paraliza y se acelera en una fracción de segundo. Théo me tiene sujeta de las caderas y sus labios están sobre los míos en un beso dulce e intenso del que no deseo desprenderme. Sus movimientos acompasados sobre mi boca encienden la chispa del deseo en mi interior, y al mismo tiempo provocan que entre en una especie de pánico.
Esto no debería estar pasando, no puedo permitirlo.
A regañadientes me aparto de su rostro. El agua de la playa nos mece suavemente de izquierda a