Capitulo 125

La noche era un manto espeso de terciopelo negro que se aferraba a las rocas escarpadas del desierto ocultando las dunas y las crestas como secretos inconfesables. A unos pocos kilómetros de la meseta de Geb, donde Imhotep había fortificado su campamento principal, se alzaba una fortificación secundaria. No era una gran fortaleza, sino una serie de muros bajos y empalizadas de madera, construidas con prisa y destinadas a proteger una ruta de suministro menor.

Ahmose se movía en silencio al frente de un destacamento de doscientos hombres, la élite de sus guerreros. A su lado, Khafra escudriñaba cada sombra y cada movimiento.

—Los exploradores confirman —susurró Khafra—, hay una brecha en la empalizada este. Un solo guardia, apostado en la torre. Los demás al parecer confían en la oscuridad.

Ahmose dirigió hacia la fortificación, apenas visible en la penumbra. —La confianza excesiva es una debilidad, Khafra.

El Comand
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