Capitulo 118

El palacio de Nefertari, una vez un refugio de seda y perfumes, había mutado en un hervidero de actividad tensa. El aire ya no olía a jazmín, sino a hierbas medicinales, a lino crudo y al incierto aroma del miedo que se aferraba a los corazones de los sirvientes. Los gritos lejanos del campo de batalla, amortiguados por las murallas de Menfis, no llegaban directamente, pero igual manera se sentía en el aire.

Nefertari se movía entre el caos, su figura esbelta contrastaba con
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