Mundo de ficçãoIniciar sessãoFuera de las murallas de Menfis, en la vasta extensión polvorienta que antes había sido solo un campo de entrenamiento, el ejército real se erguía como una masa sombría y silenciosa. Miles de hombres, una marea de cuero, bronce y lino, esperaban. Sus alientos empañaban el aire, sus pisadas apenas levantaban el polvo.
Ahmose cabalgaba al frente. El casco se sentía pesado pero el peso del mando era mucho mayor. A su lado el Visir Paser, sobre un corcel blanco, lucía más un erud






