Mundo ficciónIniciar sesiónLa cámara privada del Faraón Amonhoteph era un espacio íntimo donde la alta política se tejía en susurros y no en proclamaciones. No había el brillo ostentoso de la Gran Sala de Audiencias, sino la seriedad de un lugar de deliberación. El Faraón no estaba en su trono sino sentado ante una mesa de ébano. A su lado el Visir Paser.
Las puertas interiores se abrieron con un chirrido, y Nefertari y Ahmose entraron. Ambos llevaban rollos de papiro. —Mi Faraón —dijo Ahmose, postrándose hasta que su frente rozó la alfombra—. Vuestra Princesa y yo hemos traído lo que buscábamos. Las pruebas. Nefertari se arrodilló junto a él. —Hemos desenterrado una verdad amarga, mi Faraon. Una que afecta el corazón mismo de su reino. Amonhoteph los miró, su ceño se frunció. —Levantaos, mis hijos. Y mostradme esta verdad que tanto los ha afligido. Se incorporaron, y Nefertari extendió el primer rollo de papiro. —Mi Faraón,






