Capitulo 101

El silencio de la noche era casi total, tan denso que parecía absorber cualquier sonido. Serket y Hori, vestidos con ropas oscuras y sencillas que los mimetizaban por completo con las sombras de la arquitectura, se movían con la ligereza y el sigilo de fantasmas por los jardines exteriores del inmenso Templo de Amón. El aire estaba cargado no solo con el incienso rancio que emanaba del templo sino también con el aroma dulce y embriagador de las flores nocturnas.

Hori se detuv
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