87.
Con una sonrisa, el príncipe ve cómo sus hombres atan al pirata de pies y manos, uno saca una bola de cañón lo suficientemente pesada y la amarra a sus tobillos; Cirice por más que quiere interceder por Morgan ante el príncipe no recibe respuesta, es como si no existiera y solo un guardia la toma por los brazos evitando que se acerque a cualquiera de los dos hombres.
—Ya me cansé de todo esto, de que sigan jugando conmigo, con mi paciencia y mi tiempo… Apuesto que su estancia en esa isla la di