84.

—¡Gumbora! Te he estado buscando por todos lados. ¿Qué pasa? —pregunta angustiado Köpek. Tuvo que regresar a los escombros de aquel palacio que alguna vez fue de la realeza.

La hechicera se mantenía con ambas manos en el tridente encajado en el trono, cuando por fin abrió los ojos, retrocedió aterrorizada, viendo al tridente con horror y cayó al suelo envuelta en dolor y lágrimas, dejando al tiburón desconcertado.

—Adrián… Cómo no vine antes… Cómo no lo vi antes. —Llena de dolor, la hechicer
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