71.
—Lo juro —dice Cirice convencida.
Que fácil era para una persona como ella jurar en vano, mentir, tal vez en otro momento de su vida se hubiera sentido culpable, hubiera dudado, pero en estos momentos las mentiras fluían tan fácil como decir la verdad. Abrazándola con fuerza a él, el príncipe hunde su rostro en el cuello de Cirice y la aprieta con fuerza, mientras ella acaricia su cabello y su espalda buscando consolarlo.
—Lo estoy perdiendo todo por ti —le dice al oído el príncipe—. Prométeme