36.
—No me era tan fácil poder comunicarme. Creí que me esperarías, creí que tu amor por mí sería más fuerte y que no te dejarías envenenar por las palabras de tu padre ni sus pretensiones —dijo el pirata con el corazón roto.

—Vete de una vez Morgan, ya no tienes nada aquí. —El señor Sayer preocupado por su hija intentó acercarse, tal vez ponerse de por medio entre los dos, como forma de protegerla, pero antes de poder dar el primer paso, Morgan sacó una de sus espadas y la punta la recargó en la
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