22.
El ama de llaves no tarda mucho en arreglar la cama y mullir las almohadas para que el guardia deposite el cuerpo de la mujer. Pese a que no estaba a favor de lo ocurrido, la señora Galindez revisa a Cirice, pasa su mano por su rostro, preocupada, y le pide al guardia que salga de la habitación mientras ella sigue arreglando todo a su alrededor.
—Gracias —dice Cirice con la voz entrecortada, fingiendo hacer un esfuerzo sobrehumano para intentar generar empatía en la anciana que no tenía agrado