17.
—Bradley, Bradley… la curiosidad mató al gato. —Tavernier se dobla en carcajadas y solo le da unas palmadas en la espalda al mercader encaminándolo hacia afuera de la bodega—. Gracias por el encargo, espero que el resto de tu cargamento sea bien pagado.
—Lo fue, lo fue… no puedo quejarme.
Con eso último Tavernier se despide dejando a los tres hombres solos, le hace una señal a uno de los guardias que están ante las puertas de la enorme casa, este camina hacia ellos dispuesto a guiarlos hacia la