Capítulo 28

Tres días después de haber despertado en el hospital y que me dieran el alta, porque de milagro no me había roto ningún hueso, estaba preparándome yo sola en mi habitación, mis doncellas tenían los ojos rojos e hinchados de tanto llorar y yo no estaba mejor.

-Estoy lista. - avise con voz ronca, mientras anudaba el último lazo del vestido negro que llevaba. La voz casi se me había arruinado por completo de tanto llorar y de gritar el nombre de Evan. 

Mis doncellas estaban sentadas el pie de mi cama y me miraban a través del espejo, Jaida trató de sonreír pero le salió una mueca. Yo no traté de devolverle el gesto. Estaba demasiado devastada como para fingir lo contrario.

En silencio nos dirigimos y subimos a la limusina negra, saludé a Robert con un asentimiento de cabeza y nos colocamos en la parte de atrás. Los recuerdos que me inundaron de esta

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