Cory sintió que su corazón se aceleraba y sus ojos se iluminaban al ver a ese niño intrépido y poderoso que la había defendido de los matones de la escuela.
Él la había protegido. Era como un héroe de leyenda y ella la damisela en apuros.
—Eh, tú—la voz del niño la sacó de su ensueño—. ¿Vas a quedarte ahí plantada? Muévete, feucha.
Cory se sintió como si le hubieran echado un cubo de agua fría. Su imagen idealizada del niño se desvaneció en un instante.
—¿Qué? ¿Qué me has llamado?
Por lo menos