El éxodo del Club Metamorfosis kármica se había ejecutado con la precisión de un borrado de caché de urgencia. Dejando atrás a Julián con sus esferas luminosas de saldo y a Elena Olmos intentando debatir con un camarero sobre las propiedades homeopáticas de los pimientos de Padrón, Iris y Caleb habían regresado al búnker del cuarto piso en un taxi que olía a ambientador de vainilla industrial.
Eran las cuatro de la madrugada del lunes, la zona horaria en la que Madrid se sumía por fin en un let