NARRADO POR EZRA VARDAN
Llegamos a la mansión familiar esa misma tarde, con la misma cautela silenciosa que ya se había vuelto costumbre en cada encuentro reciente con mi madre. El mayordomo nos condujo directamente hacia el despacho privado de Victoria, un espacio mucho más austero que el salón principal donde solía recibir a cualquier visita formal, señal, quizás, de que esta conversación no estaba pensada para ningún tipo de espectáculo.
Victoria nos esperaba de pie junto al ventanal, con un