NARRADO POR BIANCA SERNA:
El zumbido monótono de las máquinas de coser en la planta baja parecía desvanecerse ante el murmullo de la lluvia que golpeaba con fuerza los ventanales de arco apuntado del taller bohemio. Me pasé los primeros minutos de la tarde de pie junto a la mesa de caoba de mi despacho temporal, forzando a mi cuerpo a mantener la rigidez de mi sastre premium, mientras la agitación asfixiante me oprimía el pecho.
Acabábamos de derrotar la emboscada de los evaluadores de la alta