NARRADO POR EZRA VARDAN:
Las molduras doradas de la sala de conferencias del ala de ultra-lujo de parecían estrecharse a mi alrededor, operando como un calabozo aristocrático que amenazaba con devorar mis últimos vestigios de templanza corporativa.
Me mantuve de pie frente a la gigantesca mesa elíptica de madera fina, de cara al ventanal, forzando a mi contextura atlética a adoptar una postura recta y rígida bajo la estructura impecable de mi sastre de tres piezas.
Mis dedos descansaban sobre