NARRADO POR BIANCA SERNA
La noche anterior al desfile, el taller estaba prácticamente vacío. Las costureras se habían retirado horas atrás, dejando solo el eco de las máquinas apagadas y el aroma persistente de las telas oscuras que llevábamos semanas cortando y ajustando sin descanso.
Yo seguía ahí, sentada frente a mi computadora, con la mirada clavada en la pantalla mientras los comentarios de internet seguían multiplicándose minuto a minuto, cada uno más cruel que el anterior.
"¿Alguien más