NARRADO POR BIANCA SERNA
cuando la calma que nos había envuelto durante horas comenzó a resquebrajarse, reemplazada poco a poco por la certeza incómoda de que el mundo afuera de ese rincón apartado seguía esperando, intacto, con todas sus complicaciones.
No quería moverme de ahí, solo deseaba quedarme un rato más en esa especie de tregua silenciosa, donde no existían juntas directivas ni portales financieros, solo el peso tranquilo de su brazo y la certeza recién descubierta de que lo que sentí