Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo treinta y seis
Despierto gracias a unos murmuros provenientes de mi acompañante y me giro en el puesto dándole la espalda para seguir durmiendo.
—Joven, usted sabe que lo que hicieron está penalizado, ya que está prohibido ingresar a los estacionamientos de un hotel privado sin siquiera pedir una reservación.
—Dígame cuanto quiere y olvidamos este asunto —







