Javier lo miró, incrédulo. La oferta que Alejandro le hacía era tentadora, sí, pero también lo humillaba. ¿Vender su derecho sobre su propio hijo? ¿Aceptar dinero para desaparecer como un cobarde? Pero entonces, la realidad lo golpeó. No tenía elección. Sabía que Alejandro tenía el poder para hacerlo desaparecer de manera mucho más brutal si no aceptaba.
— ¿Y si no acepto? — preguntó, con una pequeña chispa de desafío en su voz.
Alejandro se inclinó hacia él, su rostro a escasos centímetros del