43 - Vete de una m*****a vez...
Alejandro estaba sentado frente a su escritorio, con los dedos tamborileando suavemente sobre la madera. Era una tarde tranquila, una de esas que parecían hechas para descansar, pero él no podía permitirse ese lujo. Su mente estaba ocupada, y no precisamente por los negocios que, como siempre, esperaban su atención. No, esta vez era algo mucho más personal. El brillo en la pantalla de su computadora portátil le indicó que acababa de recibir un correo. Abrió su bandeja de entrada casi con deseo,