Darryl

— ¡Detente! — Las súplicas de James no se detenían, aunque sabía que en cualquier momento se transformaría en licántropo.

La niebla de la noche se mezclaba con la huma de la gigante fogata que Darryl estaba haciendo con James en ella, era como un asado de fin de semana para él, pero precisamente un sacrificio con el intruso que se metió al santuario a quien sabe qué.

— Al menos si vas a sacrificarme.

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