Habían pasado un par de días desde aquella conversación con Alan. El ambiente en la casa se había vuelto extrañamente sereno, como si todos compartieran el mismo secreto tácito: que la felicidad, aunque frágil, podía habitar entre ellos por momentos.
Nelly caminaba por los pasillos de la mansión arrastrando las pantuflas de felpa mientras bostezaba por tercera vez en la mañana. Llevaba una camiseta de Adrián que le llegaba a medio muslo y el cabello recogido en un moño flojo que parecía a punto