El amanecer llegó con una luz tenue, filtrándose a través de las cortinas gruesas de la mansión. La casa, fría y silenciosa, parecía contener aún los ecos de la discusión de la noche anterior. El reloj marcaba las siete, y Adrián, con un leve dolor de cabeza por los tragos de whisky, se dirigió a la cocina.
El aroma del café recién hecho llenaba el aire, mezclándose con el sonido del chisporroteo de los huevos en la sartén. Carmen, la empleada, le dedicó una mirada rápida antes de seguir prepar