Por la mañana, muy temprano, la señora de limpieza abrió la puerta de la oficina y vio a Lorenzo, recostado en el sillón, con su ropa arrugada, y hasta parecía mojada…
Él estaba dormido.
El olor que dominaba en esa oficina era difícil de descifrar, porque se mezclaba el alcohol, el tabaco y la mujer no quiso averiguar si también olía a orina.
Cerró la puerta con mucho cuidado y mucho miedo de haber sido descubierta.
-¿Qué sucede Anita? Tenés que limpiar la oficina del jefe antes de que llegue,