Finalmente, Lorenzo se secó, y se vistió como correspondía y él mismo se ocupó de poner su ropa sucia dentro de una bolsa de basura, para que nadie sepa que había perdido la conciencia hasta no controlar su vejiga.
Pudo haber sido peor, pensó por un segundo.
Su malestar no cedió del todo y su razón no podía entender por qué Edith no estaba en sus brazos.
A él no le importó que ella se desnudara noche a noche y que cientos de hombres desearan su cuerpo.
Aunque eso no era cierto, porque desde un