Sentí el sol darme en el rostro, me desperté de forma repentina y una almohada me golpeó el rostro, miré a Dahlia, que aún estaba en pijama, pero no dejaba de sonreír.
—Buenos días, bella durmiente —dijo de forma repentina y volteé a mirar el reloj en la mesa de noches.
¿Seis de la mañana de un sábado? ¿Acaso esa mujer estaba rozando la locura? Podría jurar que sí, porque solamente una mujer muy loca se levantaría a esas horas un fin de semana en el cual puede descansar.
—¿Qué haces despierta a