Me desperté en la madrugada, los fuertes dolores me despertaron y coloqué mi mano en mi vientre, el bebé no dejaba de patearme, me dolía la espalda, tenía los pies hinchados, ese era el tipo de cosas que nadie te decía que ibas a sufrir en cada embarazo, por supuesto que eso yo ya lo tenía más que sabido.
Isaac se empezó a quejar, de repente lo vi abrir los ojos, se quedó mirándome paralizado como si se hubiera quedado sin habla de repente.
—Cariño, ¿te has hecho pis en la cama? —preguntó con u