Aquel hombre estiró sus manos y miró con emoción la enorme cantidad de dinero, mientras dejaba salir una sonrisa.
—Lamento decirle que no voy a poder cumplir sus deseos —exclamó.
—Ese era el trato. Y tampoco estoy dispuesta a que envié a otros hombres por más dinero, mi hija vio al hombre que envió por el dinero —dijo Amelia.
—¡Jajajaja!, lamentablemente no podré cumplir tus deseos, y para tu información no puedo exponerme y mucho menos al frente de ella —exclamó aquel hombre.
—¡Eres un asque