Jamil luchó los primeros tres segundos para deshacer ese abrazo que más parecía una jaula en el que Saimon lo había atrapado, pero solo fue eso, porque a cada minuto que pasaba el llanto de Jamil incrementaba, aunque esta vez no se sentía como una persona patética, más bien se sentía libre de poder llorar, de poder desahogarse, no eran simples lágrimas las que caían, era un sollozo salido de lo más profundo de su ser, mientras Saimon se las ingenió para dar un par de pasos, mismos que los guiar