El tiempo para Amir se quebró en un zumbido blanco, allí entre las piernas de su diosa, el brillo húmedo de una esfera coronada por cabello negro asomaba y, a su alrededor, todo era un chisporroteo, como el de una radio mal sintonizada, no había arriba ni abajo, solo ese latido ajeno y propio, hasta que la voz de Olivia perforó la estática.
—¡Amir, haz algo!
El grito fue más temor que dolor, y eso, precisamente, desconcertó a Olivia… no dolía, sentía puntadas sordas en la cadera, una presión ho