Capítulo 50
Vlad caminó por el bosque como una sombra entre las sombras. El hechizo corría por sus venas; todo era más nítido.
El sendero se volvió estrecho, dando paso a un pasaje natural de piedra cubierto de musgo y lleno de flores.
Cientos de ellas. El perfume era dulce, empalagoso, cargado de algo químico que haría que cualquier humano cayera de rodillas en segundos, alucinando, paralizado o sumido en un sueño profundo. Una trampa clásica de la manada contra cazadores o intrusos humanos.
V