Marta entra a la habitación quitándose aquella molesta prótesis sin imaginar que Albert está sentado justo frente a ella, observándola en silencio. Un aplauso sonoro se escucha en medio de la oscuridad de la habitación.
Aunque Marta intenta arreglarse con rapidez, la luz se enciende, de pronto.
—No te molestes en volver a ponértela, Marta. —La voz grave de Albert retumba en la habitación.
—Albert puedo explicarte —responde visiblemente angustiada.
—No, no necesito que me expliques nada.