El auto se detiene frente al lujoso edificio residencial. Antonella mira con expectación los más de treinta pisos de altura.
—¿Vives aquí? —pregunta asombrada.
—Sí, hace dos meses me mudé a este lugar. —suspira— Vamos. —La convida y ella asiente.
Albert toma el equipaje de la pelirrubia, ingresan al edificio, suben al ascensor que los llevará hasta el último piso donde están ubicados los lujosos pent-house. Las puertas metálicas se abren, él le ofrece su mano, ella la toma y caminan hasta