Antonella se llena de impaciencia viendo como las horas parecen transcurrir a cuenta gotas. No puede creer que aquello pueda ser verdad. Necesita salir de esa duda cuanto antes o terminará volviéndose loca.
Justo cuando el reloj marca la hora de salida, toma su bolsa, cierra bien la puerta de su oficina y baja las escaleras, los empleados comienzan a salir, mientras el vigilante nocturno se ocupa de revisar que todo esté en orden.
Sale hasta la calle y se dispone a caminar hacia la parada,