Una vez que Miranda y Leandro ingresaron a la mansión, se dirigieron a la sala principal en la planta baja; por otro lado, el mayordomo Steven guío a Rouse a otro salón en la misma sección.
— ¿Esta bien que los dejes solos? — Preguntó Rouse preocupada al mayordomo.
El señor de más de cuarenta años posó su mirada café en la señorita Becker.
— Él estará bien, ¿Gustaría algo de merendar? Enviaría por ello de inmediato señorita.
Ro