Un pequeño demonio.
En un abrir y cerrar de ojos, el CEO ya recorría con la mirada la sala de estar de la jóven repostera, había logrado que lo invitara a pasar contra todo pronóstico.
Franchesca, lo observaba a él, se preguntaba como es que había accedido a dejarlo pasar, definitivamente no se debía dejar engañar por esa carita suya, intuía que era muy astuto.
— Ponte cómodo, ¿Qué quieres tomar?
— ¿Tienes vino?
— Creo que si, iré a la cocina a buscar, espera aquí.
Pero el hombre que se quitó el sac