Un invitado inesperado.
Alejandro, los miró y después la miró a ella. Los amaba como nunca había amado en su vida.
—Salieron a mí. Por supuesto que son hermosos.
— Oh, vamos, eres un presumido. Esta vez me ganaste, pero ya verás la próxima.
— Solo digo la verdad. Además, Señora Rodríguez, no sabía que querías que hubiera una próxima vez, pero estaré encantado de comenzar a practicar.
Antes de que pudieran seguir discutiendo, comenzaron a llegar los invitados.
La enorme entrada de la mansión empezó a llenar