Cada vez más íntimos.
Los invitados se sorprendieron al ver al siempre bien vestido e impecable CEO Cienfuegos, llegar a su propia boda tan desaliñado, pero sobre todo sin una pizca de alegría en su rostro.
Las jóvenes casaderas que habían dado su brazo derecho por convertirse en la esposa del empresario de penetrantes ojos verdes, susurraban ahora que era más que evidente que esa socialité pelirroja no hacía feliz al atractivo hombre.
Cada una de las bellas mujeres creía que ellas eran más adecuadas para ser