Andreina renunció a una vida de lujos.
La voz de Carolina, o más bien los gritos, retumbaron por toda la habitación.
— ¡Hijo! ¿Te has vuelto loco? ¡No puedes ofender a tu esposa y a la futura madre de tu hijo de esta manera, es inaceptable, comprende que no estás pensando las cosas correctamente!
La madre del empresario se acercó a tomarlo de la mano y a pedirle que pensara mejor las cosas.
— No voy a cambiar de opinión, si ha dicho la verdad no tiene nada que temer, pero si me ha visto la cara de estúpido, lo va a pagar m