Lucian avanzaba con determinación, pero el bosque marchito seguía proyectando una atmósfera de inquietud y desasosiego. De repente, el crujido de ramas bajo el peso de algo grande llamó su atención. Levantó la vista y vio, emergiendo de las sombras, a un majestuoso lobo negro. Su pelaje brillaba con un extraño resplandor bajo la luz tenue, y sus ojos, de un amarillo intenso, lo miraban con una mezcla de curiosidad y desafío.
El lobo se detuvo frente a él, y para sorpresa de Lucian, una voz prof