Amaneció temprano.
Cuando Kylie despertó, no había ningún hombre a su lado.
Miró hacia abajo y vio que llevaba la camisa y el pantalón de Ethan.
¡En la cama!
Kylie salió del dormitorio con el cabello hecho un desastre.
Notó a Ethan sentado en la mesa del comedor, comiendo su desayuno con elegancia.
El sol entraba por la ventana, bañándolo con una luz cálida.
Llevaba sus pantalones negros y su camisa blanca de siempre, pero había algo distinto en él.
No sabía exactamente qué.
A pesar de su aspecto desordenado, Ethan la miró con calma, sin ninguna reacción especial.
—Ya despertaste —dijo.
Kylie caminó hacia la mesa rápidamente y estiró la mano para agarrar un bollo al vapor, pero el dorso de su mano recibió un golpe inesperado.
—¡Lávate las manos! —gruñó Ethan.
Kylie puso los ojos en blanco y fingió alejarse.
Pero de repente giró y, con rapidez, tomó un bollo y se lo metió en la boca antes de que él pudiera detenerla.
Lo masticó exagerando los movimientos y levantó las cejas con orgullo