Kylie llevó a Laurence a Villa Merlin a pesar de sus protestas. Él necesitaba un lugar donde quedarse, y ella lo tenía. Además, era su padre, y siempre había creído que, cuando se trataba de familia, había situaciones en las que los rencores debían dejarse de lado, al menos temporalmente.
—La casa está vacía —dijo Kylie—. Tengo que trabajar ahora, pero haré que envíen muebles lo antes posible.
Laurence estaba demasiado conmovido para hablar, pero las lágrimas que corrían por su rostro lo decían