*—Ryan:
No estaba mejorando para nada.
Con las manos temblorosas, Ryan agarró el vaso de agua que le extendía Stephen Tate, su mejor amigo. Había pensado en visitar a un médico, pero al llegar a la empresa se sumergió en el trabajo, ignorando sus síntomas como si todo estuviera en orden.
¡Vaya error!
En plena reunión con un cliente, un mareo terrible casi lo deja con la cara contra la mesa de la sala de conferencias. Por suerte, Stephen, que estaba presente como jefe de finanzas de la empresa fa