*—Aimee:
Sus ojos se abrieron rápidamente, pero al recibir la luz de la mañana, volvió a cerrarlos. Su cabeza le dolía. Aimee alzó una mano y se tocó las sienes, quejándose. Como si todo fuera un balde de agua fría, recordó dónde estaba, por qué le dolía la cabeza y lo que había hecho.
Lentamente, sus ojos se ajustaron a la luz cegadora que entraba por las ventanas de la habitación. Miró el techo; sobre su cabeza, el ventilador giraba suavemente, refrescando el ambiente, aunque eso no sería sufi